Cómo "Mostrar" al más puro estilo Chéjov

«No decir, mostrar» es una de las reglas de oro a la hora de escribir. De hecho, el propio Chéjov ya creía en ello a finales del siglo XIX: “No me digas que la luna está brillando: muéstrame su reflejo en un vaso de cristal”.


Cuando hablamos de «decir» o «explicar», nos referimos a esos momentos en los que el autor/a da la información masticada a sus lectores sobre lo que ocurre.


Por ejemplo:

«Hace frío»

«El conde Drácula produce terror»


¿Y qué significa mostrar? Mostrar es dar las pinceladas necesarias para que la persona que está leyendo ate cabos por sí misma.


Cuando en una peli empieza a nevar, no suele aparecer una voz en off que nos dice «está nevando». No es necesario, ¿verdad? Claro que no, porque en la pantalla la IMAGEN nos muestra los copos de nieve, su color blanco y cómo estos empiezan a cubrir los tejados, árboles … simplemente con eso el espectador/a deduce: está nevando. Es automático.


Asimismo, durante «Drácula» no aparece ninguna voz que nos diga «Drácula es malo». Sin embargo, vemos varias escenas en las que él muerde a sus víctimas en el cuello provocándoles gritos, sudores fríos, luchan para no ser mordidos...


Hechos concretos, situaciones, diálogos: así el espectador de la película deduce que ese personaje es «malo» sin necesidad de que ninguna voz narradora le explique: «es malo».

En literatura sucede igual.


Eso es MOSTRAR: dar esos detalles para que el lector entienda algo de un personaje o una historia sin necesidad de que se lo mastiquemos con una explicación.

POR QUÉ MOSTRAR ES TAN IMPORTANTE


Ojalá escribir literatura fuese tan fácil como ir explicando la historia a nuestro lector… pero no funciona así. No basta con decir o explicar lo que ocurre en una historia, es necesario mostrar porque cuando escribimos no queremos sólo que la historia se entienda, queremos que emocione.


Mostrar no es necesario «todo el rato» ni «en todo momento». Lo que ocurre es que cuando se abusa de la voz explicativa, en lugar de mostrar, el texto se lastra, pierde fuerza y emoción. Pero habrá ocasiones en las que no importa decir «Llueve» simplemente o «Fulanito era un mal hombre».


Hay que tener en cuente que no debemos identificar, explicar -lo mismo que resumir- como algo «malo» de por sí: es una técnica más, que debemos combinar con mostrar, sabiendo en qué momentos podemos usar un resumen sin que la escritura pierda fuerza y emotividad. Generalmente se usará menos a lo largo de nuestro relato o novela, ya que todo lo importante es bueno que aparezca mostrado (o en forma de escena).

Los eventos clave de la trama, los rasgos esenciales del personaje, los instantes que no quieres que a tu lector/a le pasen desapercibidos, las escenas que quieres que le emocionen son los momentos en los que es imprescindible mostrar.


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