Café, escritores y viceversa


La relación más fiel es la de un escritor con su café. Esta bebida ha servido a grandes autores como alimento, musa y excusa para escribir sus obras. Ejemplos muy conocidos son los idilios entre el café y escritores como Truman Capote, J.K. Rowling o Gabriel García Márquez.


K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter, tiene muy clara la relación del café y su obra. En una entrevista para The Telegraph en 2007 decía: “La escritura y las cafeterías están fuertemente ligadas en mi cerebro. Todavía escribo a mano, me gusta andar físicamente con papeles, y no tener que dejar de escribir para ir a la cocina a prepararme un café”.


Johann Wolfgang von Goethe fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ya a principios del siglo XIX era un fan declarado del café. Se tomó tan en serio el estudio de esta bebida que convenció a un joven científico para que analizara un grano de café en busca de sus propiedades ¡y juntos descubrieron la cafeína!


Truman Capote fue un periodista y autodenominado “escritor horizontal” porque siempre escribía tumbado en su cama o diván y con una taza en la mano. Realizaba sus primeros borradores a mano y luego los pasaba a limpio, colocando su máquina de escribir sobre las rodillas. Estamos seguros de que consumió muchísimos cafés en los 5 años de investigación de la novela A sangre fría. ¡Todo un clásico!


Haruki Murakami es el eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, pero en la última edición (la séptima desde que suena su nombre) se lo arrebató Bob Dylan. En su novela Los años de peregrinación del chico sin color supo definir muy bien lo que nos hace sentir el aroma de una taza por la mañana: “El olor del café recién hecho flotaba en el apartamento, el olor que separa la noche del día”. ¡Ya nos apetece uno!


Honoré de Balzac realizó un ensayo titulado Tratado de excitantes modernos publicado en 1839, hace ya 178 años, donde investigó sus efectos y el de otros energizantes en su propio organismo. Con el tiempo acabó llevando su pasión al extremo y pasada la madurez presumía de beber unas 50 tazas al día, además de masticar granos de café sin agua en ayunas. Un investigador valiente pero sobre todo obstinado. ¡No recomendamos su método!


Gabriel García Márquez no dudaba en presentar a sus personajes bebiendo o preparando café. Por ejemplo, los miembros de la familia Buendía, de su célebre novela Cien años de soledad, lo tomaban sin azúcar y el protagonista de El coronel no tiene quien le escriba aprovechaba hasta la última gota: “… con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.”


Además, es muy común que la creatividad, tal y como vemos en nuestro Taller online de Escritura Creativa, comience con un toque de valentía, esfuerzo y, mucho café.


38 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

​Hazte PRO

Sé el primero en recibir nuestras últimas novedades

© Scribook 2020       Aviso Legal       Política de privacidad       Política de cookies