Lucía Arjona, Iván de los Ángeles y Amparo Vazbel son los mejores autores de la semana



Veinte años

Lucía Arjona


Hoy es nuestro aniversario, veinte años ya…, veinte años... Podríamos tener un hijo de esa edad si me hubiera quedado embarazada en la luna de miel… bueno miel, más bien hiel. No sé para qué coño insistió en ir a Acapulco, vamos no había un viaje más típico para las parejas de recién casados. Y total ¿para qué?, si luego se tiró la mitad de los días protestando por todo, que si aquí amanece muy pronto, que si la humedad, que si las tormentas tropicales, que si no quiero más guacamole, que si el camarero te está mirando otra vez, que si estoy harto de tanta excursión… Madre mía, y no fue más que el principio… Veinte años aguantando este humor de perros y esta negatividad de mierda. Es que ni siquiera me dejó comprar las entradas para ver a los clavadistas, vamos a quien se le diga, vas a Acapulco y no ves a los clavadistas… y no sé, igual por eso llevo desde esta mañana con esa idea en la cabeza, esa imagen de los tíos saltando desde ese acantilado… porque hoy es nuestro aniversario, bueno por eso y porque pienso que es lo que yo debería hacer, saltar. Saltar y salir nadando de esta vida de mierda, o igual es que me encantaría tenerle ahí arriba, en todo lo alto, y empujarle yo para verle caer, gritando con esa cara de amargado, y escuchar los aplausos de los turistas cuando se diera el planchazo en el agua, ahí desparramado… Ufff, me pongo burra solo de pensar en eso… qué satisfacción y qué sensación de libertad… ¿Y si me voy?. ¿Y si hago la maleta ahora mismo antes de que vuelva de trabajar y me voy?, ¿y si le dejo aquí con sus calzoncillos sucios, sus eructos, sus ronquidos, sus carcajadas babosas? ¿y si…?. Pero no, ¿dónde voy a ir?.... Bueno qué coño si me miro al espejo, no estoy nada mal. Intento hacer algo de ejercicio, bueno hoy no, que anoche dormí fatal con los ronquidos de este cerdo al lado, pero suelo hacer algo a diario, sí… y cuido lo que como, menos cuando estoy como hoy mitad melancólica mitad encabronada, que me meto unas tostadas con Nutella y me quedo tan pancha, pero vamos que lo intento…, y todos los días me pinto un poco el ojo aunque no vaya a salir, y lo hago para mí porque este gilipollas ni me mira, vamos que un día entra por la puerta y me encuentra con un traje de romana y me pregunta que qué hay de cena… de verdad…., pero yo siempre voy mona, me gusta verme así, bueno y que me vean porque a ver, no lo vamos a negar…, me gusta gustar y tengo mi público, como decía mi hermana siempre hay una mierda para un tiesto.... Ay, mi hermana...si ella era la que decía que no me casara con este gañán, que era un gañán...y yo ahí cieguita que estaba, y mira, mira si tenía razón. Si es que soy más pava. Ay...si yo tuviera otra vez treinta años con lo que sé ahora… ¡lo que viviría!, ¡y lo que me follaría!... porque chica, echo de menos que me den un buen meneo, de esos que te dejan las piernas temblando dos días, pero éste...madre mía pienso en que me toque y me da un ascazo… que yo pensaba que igual era que había perdido la líbido con la menopausia, pero qué va, la líbido me la ha perdido éste, yo la encuentro en cuanto me cruzo con el camarero del mexicano de la esquina, con esa piel canela y esos ojos negros...que me mira, ¡cómo me mira!, que me desnuda el muy cabrón con la mirada, ayer mismo cuando me dijo lo de “¿qué hace una estrella volando tan bajito?” al salir de la peluquería, estuve a punto de volverme y darle un pico y todo, sí un pico o un muerdo porque estoy que… Oye, lo mismo por eso pienso en los clavadistas, porque me recuerdan a él. Tendría gracia que estos veinte años de aburrimiento hubieran empezado en México y hoy, que es mi aniversario, decida celebrarlo tirándome al mexicano del restaurante de abajo… Creo que se me antojan unos nachos con una Negra Modelo, fijate… y voy a bajar sin bragas.



 


Y cómo se lo digo

Amparo Vazbel


Joder y vamos a ver cómo le digo yo a esta mujer que su hermano ha muerto porque claro, mira que nos advirtió mil veces que no viniésemos a la cascada, que era peligroso, que Juan tiene vértigo y que para qué arriesgarse. Y yo, que no te preocupes, que lo vamos a ver todo desde lejos y él “no te preocupes, Mónica, todo irá bien”.

Ahora voy y le digo: “ Mónica, tu hermano ha muerto”. No, así no que parece un poco frío, digo yo, siendo como somos amigos no se lo puedo decir así, sin más, como si fuese la noticia de un informativo. “Mónica, lo siento mucho. Tu hermano ha tenido un accidente y ha muerto” y abrazarla, que sí que ya sé que me va a odiar y me va a preguntar cómo ha sido y yo, claro, cómo se lo voy a explicar, cómo, porque la verdad no se la puedo contar, que me va a odiar y eso no, no, eso no que aquella vez que se fue de viaje y me dijo que si le cuidaba al hámster una semana pues... yo le dije que vale vale y solo lo hice por agradarla porque reconozco que a mí Mónica me gusta desde que Juan y yo somos amigos desde pequeños, que ya no me acuerdo ni de los años que teníamos y ella me miraba con esos ojazos azules pero nunca me dejó tocarle las trenzas, las trenzas que me volvían loco y ella, que no me las dejaba tocar, y yo después, cuando se fue de viaje aquella vez, me seguía gustando ,claro, y lo hice por eso, porque me gusta mucho y me quedé con su hámster, pero no paraba la puta rata de mierda con el carrusel y acabó muerto y se lo dije “lo siento Mónica, tu hámster ha tenido un accidente, ha muerto”, que si le digo lo mismo de su hermano se va a acordar y me va a odiar como aquella vez, que lo pasé muy mal.

Así que esta vez no, no se lo digo así, que ella ya no me mira con confianza porque la gente es muy...es muy mala y no sé quién le fue con el cuento de que yo era sospechoso de haber envenenado a mi abuela, mi abuela que mira que me las hizo pasar a cambio de cuidarme desde los doce años cuando mis padres murieron en el accidente, que se fueron en la avioneta a apagar el incendio y les falló algo en el motor a esos cabrones que se ocupaban más de la montaña y la naturaleza que de mí, que quién les mandaba tener un hijo, que yo no pedí venir a este mundo y me hicieron sentir muy solo y no me hacían caso así que me hartaron, pues no me arrepiento.

Y luego la abuela dándome la tabarra otros tantos años, que si misa para aquí, que si misa para allá y que no me dejaba casi salir con Juan, que me daba igual, pero por Mónica sí, que me gustaba, y por verla a ella más bien, que el resto me daba igual, que yo siempre por agradarla trago lo que sea, como este viaje de mierda que no sé por qué Juan se ha empeñado en venir y para que yo lo acompañase, que le hubiera sido mejor no venir. Vale, vamos hasta allí y llegamos y me dices “vamos a hablar” primero te hago una foto para que la vea tu hermana, con la cascada ahí y el tío que no, que no, que hablemos pero que te hago la foto, ponte ahí, pero yo ya sabía que estaba mosqueado por lo de Mónica, que he estado llamándola bastantes veces al móvil, joder, porque la quiero, la quiero desde siempre y me dice Juan, me dice, “mira majara tú a mi hermana la dejas en paz y ni te acerques, que ya nos tienes hartos a los dos” y claro, se me vino la idea, como cuando le di a mi abuela el vaso de leche, abuela que estás acatarrada y con fiebre, toma el vaso de leche que te he preparado y te va a aliviar, “esta leche sabe rara”, es que con el catarro no saben las cosas igual abuela.

Y es que se me había venido la idea como ahora con Juan, que no se tenía que poner así y estaba en el borde y fue fácil y lo peor que esos turistas haciendo fotos ahí abajo y no sé si han visto algo, no sé si me han visto y gritaron cuando cayó y cómo se lo digo yo a ella.



 



El chico de las montañas

Iván de los Ángeles


¡Míralos! ¡Son los del instituto! ¿Por qué están aquí en la cascada? Pedro se acaba de tirar desde arriba y todos le jalean como si fuera lo mejor. Mi Puchi parece que quisiera ir también con ellos… Si no se queda aquí sentado y quieto detrás de la roca, le voy a dar un golpetón en la cabeza.

Estoy muy enfadado. Yo quiero ir a la cueva detrás de la cascada a ver a mi mamá, pero ahora Pedro y los otros están allí delante y yo no puedo dejar que me vean o me empezarán a llamar gorila y yo les querré pegar, pero no podré. La profe siempre me dice que como soy más grande que ellos los puedo lastimar, y que si lo hago seré malo, pero yo quisiera que se murieran. Ellos seguro que son más malos que yo porque ellos me dicen que me muera muchas veces, y yo a ellos no tantas.

Me acuerdo de cuando yo me pensaba que ser un gorila era algo bueno pero se lo pregunté a la profe, y ella se fue toda enfadada a la clase de los chicos listos a regañar a ese gilipolla de Pedro que es el que me lo empezó a decir primero.

Voy a ponerme ya mi linterna en la cabeza y a quedarme escondido detrás de esta roca hasta que se vayan, y entonces entraré a la cueva a ver a mi mamá. Mientras, voy a mirarles y vigilaré que Puchi esté quieto. Está también Juan, Ana, Martina… ¡y Laura! Me gusta mucho Laura, ojalá hubiera sido mi novia. Ella nunca me decía cosas malas, pero se enfadó mucho conmigo por aquella vez que entré a verla desnuda después de educación física. Me expulsaron del colegio muchos días y mi padre me pegó muy fuerte con el culo de la escopeta en la nariz cuando lo supo. Ahora con esta nariz tan fea que tengo seguro que a Laura no le gusto nada, porque siempre se aleja cuando me ve.

¡Se están quitando la ropa! ¡Pedro y Juan se han quitado toda la ropa y ahora se están riendo, y Ana, Martina y Laura están haciendo lo mismo! ¡Se están tirando al lago todos desnudos!

Yo también quiero estar en el lago desnudo con Laura. Quiero que todos se vayan menos Laura y quiero entrar yo también y estar ahí con ella. Todavía no sé bien cómo es una niña desnuda. ¡No! ¡Eres tonto, eres malo! ¡Voy a tirarme de mis pelos estúpidos de gilipolla y me voy a pegar a mí mismo para que mi mamá vea que no soy malo!

Me he hecho sangre en la nariz y tengo ganas de llorar, pero todos los del instituto son malos y están contentos debajo de la cascada. Toda la culpa es de Pedro, él es el que hace todas las risas. Los chicos se ríen cuando él les salpica agua con las manos, y las chicas se ríen cuando él las persigue nadando… pero esas son risas buenas, no las malas que hacen todos cuando me ven y que me hacen sentir mal. Yo solo quiero ir a ver a mi mamá, que se vayan, por favor...

Las chicas se ríen muy alto y chillan y Puchi al final ha ladrado, ¡perro gilipolla! Todos se han quedado callados y yo me voy corriendo, no puedo dejar que me vean.

Llego a mi casa. Estoy llorando tanto que todos los pelos de la cara se me están mojando. Le doy una patada a Puchi y le digo que se quede en el granero, lo pienso dejar ahí encerrado todo el día para que aprenda. Papá no está en casa, es mejor porque así no tengo que explicarle por qué estoy tan enfadado para que no me pegue.

Todo es culpa de Pedro… gilipolla de Pedro, si no fuera por él, no me llamarían todos gorila de las montañas y yo podría ir a estar desnudo con Laura debajo de mi cascada y seguro que sus risas serían buenas. Si Laura fuera mi novia, podría contarle mi secreto y así ir juntos a ver a mi mamá. Me enfada mucho y me pone muy triste, y me acuerdo de mi nariz tan fea y me dan ganas de morirme.

Aquí está la escopeta de papá. Quisiera dispararme a mí mismo, pero no sé cómo, solo recuerdo un poco cómo se dispara para poder matar ciervos, de cuando mi papá a veces me llevaba a cazar antes de que mamá estuviera en la cueva. Echo de menos a mi mamá.

Tengo mucha rabia. Pedro es el que tendría que morirse, no yo. Pedro es el que tiene la culpa de todo. Podría dispararle a Pedro como si fuera un ciervo y todo sería mejor, pero así yo sería muy malo y mi mamá seguro que lo vería.

Cojo la escopeta y vuelvo a donde estaba escondido, pero sin Puchi, así seguro que no me verán. Me he metido la cabeza en un saco para dar más miedo y para que Laura no vea mi nariz, se me mueve un poco la linterna pero veo bien por los agujeros. Voy a asustar a todos para que se vayan y no vuelvan, y cuando me quede solo, voy a ir a ver por fin a mi mamá.

Pensaba que se habían ido todos, ¡pero no! Está ahí la ropa que llevaba Pedro y la que llevaba Laura, seguro que están por aquí.

Me acerco a la cascada por un lado. ¡Ahí están, en la cueva detrás de la cascada! Pedro y Laura están desnudos y abrazados y se besan, no se han enterado de que estoy aquí y les miro y hasta me duele la frente de tan enfadado que estoy. Les apunto con la escopeta y quiero asustarles pero tengo miedo, llevo la bolsa en la cabeza pero no quiero que me vean aquí, ellos están demasiado cerca de mi mamá y yo soy un gilipolla y un cobarde porque no me atrevo a hacerles miedo yo y yo solo puedo fijarme en las tetas de Laura, que se ven más grandes que cuando entré a verla desnuda hace tiempo y mi padre me pegó mucho, y mi mamá se puso delante y le pegó a ella también.

¡Me ha visto! ¡Laura se ha dado cuenta de que estoy aquí y ha gritado! Pedro se ha girado también, estoy muy nervioso y no paro de temblar, tiemblo tanto que mi dedo pulsa el gatillo sin querer.

¡No! ¡Le he disparado a Laura! ¡Pedro se ha ido corriendo y Laura se ha caído al suelo! ¡No! ¡Tengo muchas ganas de llorar, y de morirme!

Yo quería a Laura para novia, y la he matado, y no sé qué hacer porque su cabeza no para de sangrar y si lo ven seguro que me van a echar otra vez del instituto y mi papá me pegará tan fuerte que me matará, como hizo con mami. Mami, por favor, no pienses que soy malo, ¡yo no quería! ¡Como papá! Me siento tan mal que vomito en el suelo.

Por fin puedo ver bien cómo es Laura desnuda pero ya me da igual porque está muerta y ya no podré decirle nunca que se case conmigo. Quiero tocarle las tetas pero si lo hago seguro que mi mamá pensará que soy malo.

Tengo que cogerla y tengo que llevarla muy adentro de la cueva hasta el sitio donde mi papá metió a mi mami pensando que yo no lo sabía. Seguro que es un buen escondite, porque yo solo me enteré de que mami estaba ahí porque ese día le había seguido sin que él se diera cuenta.

Llevar a Laura es agradable, su piel es suave aunque está toda manchada de sangre, luego me tiraré yo también a nadar para que se me limpie.

La dejó al lado de donde está enterrada mi mami, y vuelvo corriendo con cuidado de no resbalarme con la sangre. He de asegurarme de que nadie me haya seguido hasta el escondite.

Mientras me tiro a nadar pienso que tengo ya dos secretos que no puedo decir a nadie, pero lo bueno es que ahora voy a ver a Laura todos los días cada vez que vaya a visitar a mi mamá.

102 visualizaciones0 comentarios