¿Usarías pseudónimo masculino si eso te asegurase convertir tu libro en best seller?

Un ejemplo típico de mujeres que usaron nombre de hombre para intentar impulsar su carrera literaria sería el caso de Charlotte Brontë, que cuando tenía 20 años envió una selección de sus poemas al poeta británico Robert Southey y recibió la siguiente respuesta: «La literatura no puede ser asunto de una mujer». Por suerte, la futura autora de Jane Eyre ignoró su consejo. Jane Austen fue una auténtica pionera en ese sentido, porque aunque publicaría bajo anonimato, usó el seudónimo «A Lady», destacando su identidad femenina. Sin embargo, muchas de las escritoras que intentaron publicar después se vieron obligadas a usar el seudónimo masculino para no levantar prejuicios y abrir alguna que otra puerta en el mundo editorial. Fue el caso de Charlotte Brontë, y de sus hermanas Emily y Anne, que respectivamente pasaron a llamarse Currer, Ellis y Acton Bell. A pesar de que lucharon por tener éxito con sus nombres reales, nunca pudieron usarlos en la cubierta de un libro, al menos mientras que Emily y Anne estuvieron vivas. Después vinieron otras escritoras como George Eliot y George Sand, que cambiándose el nombre lograron engañar a la crítica y a los lectores. ¿Te ocultarías detrás de otro nombre? Cuéntanos...



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